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Escrito por Gliceria Gil glimargica@hotmail.com
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lunes, 04 de febrero de 2008 |
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Raíces Venezolanas Del venezolano se dice que es fiestero y parrandero debido a las celebraciones que a lo largo del año se realizan en el país. No hemos salido de las festividades navideñas cuando ya estamos en las carnestolendas.
En cada lugar de Venezuela el carnaval se festeja de una manera distinta así tenemos el baile de la hamaca en la región costera de Carabobo y el entierro de la sardina en Vargas.
Como un velorio cualquiera donde se reza, se toma café, licor y se cuentan chistes, llegada la media noche del lunes de carnaval comienza el bochinche. Los hombres tocan los tambores y las mujeres lloran porque pronto se enterrará la hamaca. Esta tradición folklórica consiste en la dramatización del arrebato de celos que sufre un negro en un entierro, cuando descubre la infidelidad de su mujer con el muerto.
La hamaca está hecha de retazos de tela, rellena con paja y recubierta con una sábana adornada con coloridas flores. Los veladores esperan hasta el mediodía del martes y en ese momento alguien grita ¡Ya se murió! Al son de los tambores y el soplo de los cachos todos corean ¡Hay que enterrarla!
Los cargadores de la hamaca llevan un palo en la mano para golpearla, una vez que es tirada al suelo, momento que aprovechan las mujeres para llorar encima de ella lo que provoca los celos de los hombres, generándose una pelea hasta que las féminas los incitan a bailar. El entierro se hace cubriendo la hamaca con aserrín en el mismo sitio de donde partió.
El Entierro de La Sardina es la tradición popular en Naiguatá y Osma, estado Vargas. Guarda alguna semejanza con la anterior pues trata del entierro de una sardina elaborada en cartón, pintada y escarchada, la cual es transportada en un cortejo fúnebre conformado por una carroza de madera adornada con palmas, flores y diferentes ofrendas.
Al ritmo de merengue interpretado con tambores, charrascas y cacho, un fiscal encabeza el entierro, le siguen un sacerdote y un monaguillo, detrás de la carroza van las viudas de la sardina llorando y confesando sus pecados carnales.
El Diablo danza de un lado a otro tratando de obstaculizar el entierro y de raptar la sardina, pero los policías mantienen el orden hasta llegar a la plaza. Cuando al anochecer pasan por la avenida que bordea el mar, ignorando el lamento de las viudas, lanzan la sardina al agua terminando así la festividad. |