| Ruralidades |
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| Escrito por Pedro Méndez.-pedromendez_bna@yahoo.es | |||||
| jueves, 07 de agosto de 2008 | |||||
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Miquilena, el paladín de palo “La séptima, es la de haber llegado a Chávez. No sabemos cómo, pero algún día nos enteraremos”. Tronco e´vaina la que ese, sí anciano, le hubiera echado a la revolución venezolana si Chávez no se hubiera percatado (todavía a tiempo) de la zancadilla que le estaba ensamblando ese “padre” de las luchas en siete plazas. Sí, hábil todavía el zancadillero anciano, hasta que el Presidente le detectó la costura madejada desde antaño. Veamos las casualidades coincidentes: Primera plaza. Cuando el gran Arístides Bastidas, joven, luchaba junto a sus padres en San Pablo (Yaracuy) por la redención del campesinado; don corleone, joven, “cantaba” las rutas de la línea autobusera ARC, allá en la ciudad de los bacones Arcaya de Coro. Segunda plaza. Cuando el humanista de San Pablo, Yaracuy, atenuaba los tormentos de los enfermos atendidos por el médico Ramos Calles, coincidió en Caracas con don corleone, colector de autobús, de esos que subían hasta el hospital, quien voceaba hasta los oídos del chofer: “tres que suben y dos que bajan” (uno para cada bolsillo). Tercera plaza. El coriano colector, de dormir en la unidad (ni por esto se sensibilizó) liderizó en comandita el arribismo sindical de los patoteros de San Juan. Paralelismo puro, pus. Y en cayapa contra el desprevenido. Cuarta plaza. Se metió por los palos, como cualquier asomado, hasta los órganos del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Aprovechó la trayectoria de lucha obrerista. Metió sus fichas, quienes con el adeco Ramón Quijada provocaron que el gobierno de Medina disolviera el movimiento. De aquí, al propio Partido Comunista, al que partió en dos. Quinta plaza. Expulsado de todas partes, se recostó de Jóvito Villalba, a quien encajonó como el “cadáver insepulto” que dijo Romulón. Y averiguables: primero, la muerte de Alirio Ugarte Pelayo, hermano del comunista Argimiro Gabaldón, muerto (Alirio) por un pistoletazo en la cabeza desde la ventana de su oficina. Y la misteriosa muerte de Juan Arcia, “murachí”. Don corleone sabe de quién se trata. Y como las siete plazas no caben en este espacio, dejaremos una para el misterio. La séptima, es la de haber llegado a Chávez. No sabemos cómo, pero algún día nos enteraremos. La franqueza del camarada Presidente no nos hará quedar en ascuas. Sí, en ascuas a nosotros que tragábamos grueso cada vez que ese monstruo sonreía para sus entrañas, cuando aquel Chávez nos lo presentaba como su segundo orientador. Era que, para uno, tipos así no merecen ni el quinto lugar como rectores de la vida de un ser humano. Mucho menos el segundo puesto como consejero que en todo caso, en cuanto al presidente Chávez se refiere, por nuestra parte se lo conferimos a Fidel Castro.
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