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Colinas de Neverí, Tricentenaria, Guaraguao y Latinia son algunas de las zonas que dejaron de ser selectas para convertirse en inseguras  Vecinos aseguran que las calles de Colinas del Neverí son muy oscuras y solitarias Zona norte.- Seguridad, tranquilidad, calles asfaltadas, aceras en buen estado, mucho alumbrado y zonas verdes eran las características de las urbanizaciones que hasta hace una década mostraban ser los conjuntos residenciales más prestigiosos de la zona norte de la entidad. Pero la cara de estos sectores ha cambiado considerablemente, ahora los vecinos no tienen quietud y su calidad de vida ha disminuido de manera casi radical.
Fotos: L. Rojas/J. Hernández
Esta realidad se repite en varias comunidades en los dos principales municipios de la metrópolis anzoatiguense, Sotillo y Bolívar.
Personas acostumbradas a compartir con los vecinos, a sentarse en los porches de las casas, incluso a dormir sin tener que encerrarse, ahora han cambiado su estilo de vida para habitar en residencias que se convirtieron en pequeñas prisiones, todo en busca de la perdida seguridad. Esta situación se evidencia en relatos de ciudadanos, que con nostalgia recuerdan “aquella segura ciudad”. El día a día
 Habitantes temen la soledad de las vías de Guaraguao Más de cincuenta años tiene Lucía Vincent viviendo en la urbanización Guaraguao de Puerto La Cruz, donde en otros tiempos las viviendas eran destinadas a los trabajadores petroleros, y hoy en día habitan los que se beneficiaron de esta industria o quienes adquirieron posteriormente alguna propiedad.
Con nostalgia recuerda Vincent los días cuando podía correr en las calles del sector y jugar junto con sus vecinas, sin el temor de ser víctimas del hampa, de algún conductor descuidado o, caso aún peor, de algún pervertido sexual.
Esta vecina relata que la falta de mantenimiento a los espacios públicos no ha sido el único problema que han debido enfrentar. “Hace un tiempo atrás por aquí violaron a varias jóvenes, porque esta zona es muy oscura y solitaria, lo que da es miedo caminar por aquí”, aseveró la habitante.
Pero su inquietud no culmina ahí, pues asegura que ya no pueden ni compartir con los vecinos porque incluso sentarse en los porches de las casas resulta peligroso.
Al igual que Vincent, Carmen Torres, oriunda de Valencia, comenta que desde que su familia decidió residenciarse en la zona, han vivido en dicho sector. “Aquí tuve a mis hijos y no me preocupaba mucho cuando estaban jugando afuera de la casa, porque todo era sano y la gente buena, ahora es todo lo contrario. No sé por qué cambió tanto, pero es lamentable”, comenta.
Torres recuerda que esta era una de las urbanizaciones que gozaba de buen prestigio, y ahora han tenido que realizar una inversión bastante elevada para levantar paredones, colocar rejas y hasta sistemas de seguridad. Pero no ha sido la única urbanización del Municipio Sotillo que pasó de ser segura a transformarse en una de las favoritas del hampa; el sector conocido como Latinia, zona residencial de grandes y bonitos edificios, se ha convertido en uno de los más solitarios, oscuros e inseguros.
“Esta localidad no tiene tanto tiempo; sin embargo, la desidia ha ido acabando poco a poco con la belleza y la calma que la caracterizaban”, manifestó Romelia de Núñez, con más de diez años viviendo en la región. Alumbrado en espirales, con un cartel de prevención sobre la descarga eléctrica que recibirán quienes lo toquen, es el común en la parte superior de los paredones de las edificaciones.
Núñez aseguró que, a pesar de que viven en edificios, los delincuentes se aprovechan de la soledad de las calles para atracar a los vecinos, además que son innumerables los carros que han sido violentados.
Algunas soluciones  Denuncian la falta de seguridad en los sectores El director de Planeamiento Urbano del Municipio Sotillo, Hernán Rojas, aseguró que en cuanto a Latinia, el ayuntamiento ha trabajado para que se solventen los problemas de esta comunidad.
“Esta zona tenía un problema con las red de tuberías negras y eso se solucionó el año pasado con una importante inversión, luego se asfaltó la zona”, aseveró.
Mientras que para la antigua urbanización petrolera, informó que actualmente se realiza un portón de seguridad, pero que este no será cerrado sino que servirá para tener un control de quienes entran y salen. Esta medida adicional de seguridad es solventada con recursos nacionales solicitados a través del consejo comunal del sector; en caso de que posteriormente deseen contar con otro dispositivo para evitar la acción del hampa, los vecinos deberán encargarse de costearlo.
Rojas comentó que las policías municipal y estadal están en el deber de resguardar a la comunidad, pero para los habitantes de esta zona parece no ser suficiente.
Al otro lado de la ciudad
 Alambre eléctrico es la opción que han tomado las residentes de edificios para resguardarse No sólo los sectores que eran privilegiados en Sotillo han sido víctimas silentes del abandono y la apatía de los distintos gobiernos municipales, Bolívar también alberga zonas que han ido poco a poco decayendo.
Al menos así lo reflejan sitios como Colinas del Neverí y la Tricentenaria. Ambas urbanizaciones tuvieron gran auge y renombre en sus tiempos “mozos”.
La avenida principal de Colinas del Neverí se ha vuelto intransitable por dos razones: la primera es la gran cantidad de vehículos que circula por la zona y la segunda es que los conductores deben ingeniárselas para esquivar los huecos que obstaculizan buena parte del pavimento.
Los vecinos se unen al clamor de los residentes de otras localidades, que es la falta de seguridad. “De noche esto se convierte en una boca de lobos, hay que evitar llegar tarde a casa porque de cualquier lado te sale un malandro y se lleva lo que tengas encima”, manifestaba Elena Guitiérrez, quien habita en la zona.
Para ellos, en este sector hay un marcado antes y después, en lo que a seguridad se refiere. Considera Gutiérrez que el crecimiento poblacional y la falta de planificación de la ciudad son factores que han afectado a la sociedad en general.
La mayoría de los condominios de los edificios también optaron por contratar personal de seguridad privado, instalar portones y cercado eléctrico, además de llegar temprano a casa y evitar las salidas en horas nocturnas.
La mismas medidas han sido asumidas por los habitantes de la urbanización Tricetenaria. La falta de alumbrado público es el problema más grave que tienen estos vecinos, quienes aseguran que debido a estas fallas que les dejan en completa oscuridad, ha aumentado el índice delictivo.
 En la urbanización Latinia aseguran que la inseguridad es el peor problema “Por aquí muy poco pasa la Policía, esto es muy solo, pero es porque está oscuro y da miedo, pues de cualquier lado te sale un delincuente. Pienso que eso deberían solucionarlo urgente para que las personas se sientan seguras aunque sea abriendo las puertas de sus casas”, opinó Teresa González, ama de casa y habitante del sector.
“Yo crecí aquí y siempre fue muy sano, ahora es un poco inseguro, pero pienso que con más vigilancia de la Policía y que todo esté más alumbrado mejoraría”, fue lo expresado por Pedro Sánchez, quien visita con regularidad a sus padres, que viven en dicha comunidad.
A pesar que se contactó telefónicamente al director de Urbanismo de la Alcaldía de Bolívar, José Luis Rivero, este no mostró receptividad para contestar si se tienen proyectos a fin de elevar la calidad de vida de quienes habitan en estas zonas. En una primera llamada telefónica, el funcionario escuchó los planteamientos y las interrogantes de la periodista, pero la llamada se cortó y Rivero no volvió a responder su teléfono móvil, a pesar de que se le dejó mensaje de voz en su grabadora.
Mientras tanto, estas emblemáticas comunidades continúan con sus vidas, con la esperanza de ver recuperadas las zonas donde habitan. |