| ¿Justo? |
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| Escrito por Arlán A. Narváez-Vaz R. (*) arlannarvaez@gmail.com | |||||
| miércoles, 14 de mayo de 2008 | |||||
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“El paladín de las revoluciones anti-imperialistas se torna en acérrimo capitalista cuando se trata de la fuente y “varita mágica” de su liderazgo nacional e internacional: su inagotable y discrecional chequera”
El protagonista de los maratones mediáticos de los domingos (y de cualquier otro día que se le antoje) se regocija de ello y no deja de hacer alarde, con arrogancia, de un conocimiento económico que no posee, para calificar como justos tales precios. La verdad es que tal juicio de justicia es de muy dudosa validez, salvo que mayores precios sean “justo” lo que necesita para que el desbordado e incontrolado gasto de su Gobierno pueda ser financiado con los crecientes proventos petroleros. El Presidente pareciera no percatarse que la supuesta justicia de los altos precios es resultado directo del funcionamiento de la institución que más odia y repudia, el mercado, quinta esencia del “malvado capitalismo salvaje”, porque resultan de una limitada oferta petrolera (que él quisiera limitar aún más), frente a una creciente demanda. De forma que el paladín de las revoluciones anti-imperialistas se torna en acérrimo capitalista cuando se trata de la fuente y “varita mágica” de su liderazgo nacional e internacional: su inagotable y discrecional chequera. Entonces sí apoya el mercado como mecanismo eficiente para la fijación de los precios, olvidando incluso que, según cifras de la propia Pdvsa, el costo por barril está alrededor de los 4,88 dólares. Vale decir, al Presidente le parece justo producir a menos de 5 dólares y vender a más de 110 dólares, esto supone una “modesta” ganancia de alrededor del 2.154 %, ¿Cómo te quedó el ojo? Esta interpretación tan generosa del régimen tiene muchas implicaciones, tanto nacionales como internacionales. Hoy solamente haremos referencia a estas últimas, puesto que los cada vez “más justos” precios del petróleo se han convertido en uno de los elementos más importantes que están contribuyendo a crear las condiciones para lo que muchos colegas economistas temen que llegue a ser la más severa recesión económica mundial desde el fin de la segunda guerra mundial, terriblemente agravada por la posible reaparición del monstruo de dos cabezas, la estanflación, combinación de inflación con recesión (que acarrea desempleo). El genial Zapata, no sé si pensando en esto, representó magistralmente todo lo anterior en su Zapatazos del pasado sábado 10 de mayo. Frente a un balancín petrolero, un personaje de aspecto famélico le dice a una mujer de igual aspecto con un hijo en brazos: “¿Cómo sobrevivirá la gente pobre en esos países que no son ricos como nosotros?” La justicia de nuestro Presidente pasa por alto que los países ricos, mal que bien, pueden asimilar tales precios, ya que, al fin y al cabo, como costos que representan para sus capacidades industriales desarrolladas, simplemente se trasladarán a los precios finales de sus productos. En síntesis, pareciera que ese calificativo de justo está tan errado como tantos otros juicios gratuitos y dogmáticos que están conduciendo a la destrucción de la capacidad productiva en Venezuela. ¡Cosas veredes, Sancho!
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