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Nueva Prensa de Oriente ::..

viernes, 10 de octubre de 2008
¿Justo? Imprimir E-Mail
Escrito por Arlán A. Narváez-Vaz R. (*) arlannarvaez@gmail.com   
miércoles, 14 de mayo de 2008

 “El paladín de las revoluciones anti-imperialistas se torna en acérrimo capitalista cuando se trata de la fuente y “varita mágica” de su liderazgo nacional e internacional: su inagotable y discrecional chequera”

Image El indetenible ascenso de los precios internacionales del petróleo nos ha traído esta semana nuevos registros históricos de su cotización, que para la cesta venezolana ya ronda los 110 dólares.

El protagonista de los maratones mediáticos de los domingos (y de cualquier otro día que se le antoje) se regocija de ello y no deja de hacer alarde, con arrogancia, de un conocimiento económico que no posee, para calificar como justos tales precios.

La verdad es que tal juicio de justicia es de muy dudosa validez, salvo que mayores precios sean “justo” lo que necesita para que el desbordado e incontrolado gasto de su Gobierno pueda ser financiado con los crecientes proventos petroleros. El Presidente pareciera no percatarse que la supuesta justicia de los altos precios es resultado directo del funcionamiento de la institución que más odia y repudia, el mercado, quinta esencia del “malvado capitalismo salvaje”, porque resultan de una limitada oferta petrolera (que él quisiera limitar aún más), frente a una creciente demanda.

De forma que el paladín de las revoluciones anti-imperialistas se torna en acérrimo capitalista cuando se trata de la fuente y “varita mágica” de su liderazgo nacional e internacional: su inagotable y discrecional chequera. Entonces sí apoya el mercado como mecanismo eficiente para la fijación de los precios, olvidando incluso que, según cifras de la propia Pdvsa, el costo por barril está alrededor de los 4,88 dólares. Vale decir, al Presidente le parece justo producir a menos de 5 dólares y vender a más de 110 dólares, esto supone una “modesta” ganancia de alrededor del 2.154 %, ¿Cómo te quedó el ojo?

Esta interpretación tan generosa del régimen tiene muchas implicaciones, tanto nacionales como internacionales. Hoy solamente haremos referencia a estas últimas, puesto que los cada vez “más justos” precios del petróleo se han convertido en uno de los elementos más importantes que están contribuyendo a crear las condiciones para lo que muchos colegas economistas temen que llegue a ser la más severa recesión económica mundial desde el fin de la segunda guerra mundial, terriblemente agravada por la posible reaparición del monstruo de dos cabezas, la estanflación, combinación de inflación con recesión (que acarrea desempleo).

El genial Zapata, no sé si pensando en esto, representó magistralmente todo lo anterior en su Zapatazos del pasado sábado 10 de mayo. Frente a un balancín petrolero, un personaje de aspecto famélico le dice a una mujer de igual aspecto con un hijo en brazos: “¿Cómo sobrevivirá la gente pobre en esos países que no son ricos como nosotros?”

La justicia de nuestro Presidente pasa por alto que los países ricos, mal que bien, pueden asimilar tales precios, ya que, al fin y al cabo, como costos que representan para sus capacidades industriales desarrolladas, simplemente se trasladarán a los precios finales de sus productos.

Para nosotros y los países petroleros en general, estos aumentos pueden ser compensados con los ingresos adicionales que resultan del creciente precio del hidrocarburo, pero a los países pobres esa interpretación de justicia los pone en una situación terrible porque resultan perjudicados por todas partes: tienen que pagar una cada vez más elevada factura petrolera, imprescindible fuente de energía, pero también tienen que cancelar más caras sus importaciones de bienes manufacturados.

Para complemento de males, a medida que va tomando cuerpo la recesión en la economía mundial, sus nacionales, como inmigrantes, ven endurecerse las condiciones laborales y ya han disminuido las remesas a sus países de origen en una proporción que ronda el 35 %, lo cual se entiende mejor si se toma en consideración que tales remesas llegan a representar porcentajes significativos del ingreso de divisas a tales países.

En síntesis, pareciera que ese calificativo de justo está tan errado como tantos otros juicios gratuitos y dogmáticos que están conduciendo a la destrucción de la capacidad productiva en Venezuela. ¡Cosas veredes, Sancho!

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