|
“Marco Aurelio nació en Roma, el 26 de abril del año 121 de nuestra era, en familia ilustre” El ideal de Platón, quien en su República deseaba un filósofo como Jefe de Estado, se hizo realidad con Marco Aurelio Antonino, el último de los cuatro emperadores que constituyeron gobernantes perfectos, que, en un lapso de ochenta años, después de que Trajano en el 98 sucediera a Nerva, seguido luego por Adriano y Antonino Pío, hicieron florecer el Imperio Romano en justicia, bienestar, cultura y armonía social, siendo el gobierno del emperador filósofo, probablemente el que más se ocupó por lograr la mayor suma de felicidad y progreso moral de los ciudadanos.
Influido por la lectura del Manual de Epitecto -uno de los grandes maestros de la filosofía estoica- que le obsequiara su amigo Rústico a la edad de doce años, cuando se forjó el propósito de seguir sus preceptos, cultivando el autodominio, a tal punto que, desde esa temprana edad, no reflejaba en su rostro ni el dolor ni la alegría, poniendo en práctica una conducta acorde con los más elevados valores éticos, morales y virtudes propias de los ideales estoicos.
Tuvo temprana vocación para el estudio y la auto-superación. La filosofía estoica es el único movimiento en la historia de la humanidad, en el cual, un esclavo, Epitecto, y un emperador, Marco Aurelio, mantienen el mismo rango, donde el segundo fue influido en su formación por el primero.
La diferencia consiste en que mientras Epitecto exhortaba a ser libre e independiente y a no aceptar a nadie por arriba de él, Marco Aurelio -como emperador no tenía a nadie por encima- educado en la misma filosofía, siempre se condujo con la máxima cortesía, respetando el derecho de todos.
Marco Aurelio refiere en sus Meditaciones, como Antonino Pío, con su ejemplo, forjó su carácter y personalidad con las virtudes de los sabios y le estimuló a conducirse con sencillez y firmeza, adquiriendo conciencia de: 1) Cuándo y cómo realizar los trabajos de la mejor manera y por qué. 2) Dar audiencia a todos y respetar sus derechos. 3) Perdonar a los que se propasaban con él. 4) Conducirse como un igual entre la gente. 5) Depender sólo de sí mismo y aceptar su destino, sea el que fuere. 6) Ser precavido en los negocios públicos y estar atento y estudiar todos los detalles, por pequeños que pareciesen, sin afectación.
7) Servir a la humanidad desinteresadamente. 8) Ser sobrio, contentarse con poco, apreciar los bienes que se tienen y no desesperarse con su pérdida. 9) Ser práctico y tener buenos modales. 10) Cuidar la higiene. 11) Ser prudente y moderado. 12) No excederse en dádivas al pueblo. 13) Cumplir con el propio deber, sin cuidarse de lo que dirá la gente.
Marco Aurelio nació en Roma, el 26 de abril del año 121 de nuestra era, en familia ilustre. El emperador Adriano le distinguió con su amistad y le apreció por sus dotes morales, llamándolo “Verissimo”, por su sinceridad, honestidad y elevadas cualidades personales, sugiriendo a Antonino Pío, que, a su vez, nombrara su sucesor a Marco Aurelio, cosa que realizó adoptándolo, primero, el 25 de febrero del 138; luego le nombró cónsul, casándolo con su hija Annia y designándolo heredero al trono, cargo que asumió a los 40 años de edad, el 7 de marzo del 161.
De los 19 años que se desempeñó como emperador, 14 los pasó conduciendo luchas y guerras contra los bárbaros, germanos y marcomanos, que amenazaban las fronteras del imperio, las cuales, desde los tiempos de Augusto, habían conocido casi tres siglos de paz.
El imperio romano, después de Marco Aurelio, marca el prólogo de la edad media. Ahora bien, entre batallas fue escribiendo su libro “Meditaciones” o “Recuerdos”, que son una especie de soliloquios consigo mismo, redactados para su propio uso, sin intención de publicarlo, el cual fue considerado como la mejor obra didáctica de la antigüedad; constituye una guía certera en la conducción de la propia existencia.
Quizá sea de interés conocer que Marco Aurelio es la reencarnación de Alejandro Magno -siglo IV a.n.e.- y su espíritu, el mismo que, en el siglo IV d.n.e, reencarnara en el emperador Juliano, y en el VI d.n.e. en Mahoma, fundador de una de las más florecientes civilizaciones. Adelante. |